
El visionado hace unos días de “Blancanieves. Mirror, mirror“ me ha traído a la memoria un clásico de lo años 80, “La princesa prometida”. Aquella película en la que Colombo le contaba a su nieto, el niño de “Aquellos maravillosos años”, un cuento medieval lleno de encanto que protagonizaba, para mí, la hija pequeña del serial “Santa Bárbara” y para las nuevas generaciones la novia de Forrest Gump.
Una propuesta sencilla y a la vez una de las mejores películas de aventuras que jamás se han rodado, un cuento mágico en el que romance y acción se entremezclan en una serie de aventuras pintorescas, imaginativas, absurdas, pero muy entretenidas.


