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Enmascarados movie

12 diciembre 2009

En contradicción al enunciado de Alicia ya no vive aquí (Martin Scorsese, 1974), Alicia ha vuelto de repente, como el pastor de El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1979), que un día decidió irse sin más, y que otro día decidió volver, no recuerdo muy bien por qué.

El crimen de Cuenca

O como volvió el Eddie Felson de El buscavidas (Robert Rossen, 1961) en El color del dinero (Martin Scorsese, 1986), por el gusanillo.

El color del dinero

Esta niña con aspecto angelical, pero en el fondo diabólica y morbosa, recuerda a Rhoda en La mala semilla (Mervyn LeRoy, 1956).

La mala semilla

Y vuelve con un catálogo de ejecuciones como si se tratara de una Sondra Locke cualquiera en Impacto súbito (Clint Eastwood, 1983).

Impacto súbito

Yo, por mi parte, vuelvo con la humildad del Hobson de John Mills en El déspota (David Lean, 1953) con esta absurda y pequeña entrada a modo de excusa y explicación a los abandonados lectores.

El déspota

Corría el mes de julio cuando hice mi última colaboración. Después de un azaroso verano comparable al de Chevy Chase en Locas vacaciones de una familia americana (Harold Ramis, 1983), y aunque me habría gustado que la causa fuera otra, como, por ejemplo, que hubiera sido abducido por una antigua y sabia raza de seres de otra galaxia, como el Klaatu que vino a alertarnos del peligro nuclear en Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951), la realidad es que me encontré menos motivado para escribir que Nicholas Cage para seguir respirando, en Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995).

Leaving Las Vegas

Y, con respecto a los demás miembros del elenco, ¿cuál es la causa para este vacío otoñal, que produce un desasosiego similar a cuando se muere el protagonista a mitad de película en Vivir y morir en Los Angeles (William Friedkin, 1985)? Se me ocurren algunas conjeturas.

Vivir y morir en Los Angeles

César, después de El congreso se divierte (Erik Charell, 1931), que, junto con sus otros enmascarados amigos bibliófilos Ascen y Jesús -supongo que cansados ya de tanto patearse la empinada Cuesta Moyano-, han debido de perder definitivamente la chaveta como el Ingenioso Hidalgo, con el seso sorbido de tanto leer libros de caballería -y también pedestres; incluso alguno motorizado-, es posible que haya acabado creyendo ser el personaje de una obra, como Johnny Depp en Don Juan de Marco (Jeremy Leven, 1995), o, lo que es peor, sea realmente el personaje de una novela como le ocurre a Will Ferrell en Más extraño que la ficción (Marc Forster, 2006), y ande desesperado buscando a su autor.

Más extraño que la ficción

Probablemente Ascen -harta de ver que todos los días hay aniversarios que celebrar- esté demasiado ocupada visitando monasterios medievales en llamas tratando de salvar incunables como hacía Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986).

El nombre de la rosa

Jesús -concentrado en el Premio Planeta y en Vázquez Figueroa– quizá reaparezca en 2039, con motivo del 60º aniversario de La vida de Brian (Terry Jones, 1979), película que le marcó profundamente, casi tanto como a Woody Allen le influyó Casablanca en Sueños de un seductor (Herbert Ross, 1972).

Sueños de un seductor

Óscar es un trasunto del hijo de Jack Lemmon en Desaparecido (Costa-Gavras, 1982). Sin embargo, mientras que algunos opinan que fue secuestrado por una banda de piratas del Caribe -o somalíes, vaya usted a saber-, otros creen que se fue a la Tierra Media, y que, como el Fletcher Christian que se quedó en una isla de la Polinesia huyendo del capitán Bligh en Rebelión a bordo (Frank Lloyd, 1935), decidió quedarse allí definitivamente cuando empezó a menguar de estatura y a crecerle las orejas.

Rebelión a bordo

Reyes, por último, es un misterio insondable. Ya estaba aquí cuando llegamos, como los agujeros de gusano en Contact (Robert Zemeckis, 1997), engarzados en el continuo espacio-tiempo del Universo. Es posible que no sea más que un MacGuffin; o, siguiendo las similitudes hitchcockianas, alguien como el George Kaplan de Con las muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959), un personaje ficticio creado con el ánimo de confundir.

Con la muerte en los talones

Aunque yo estoy convencido de que se trata de un puca, un ser bondadoso y juguetón, con aspecto de conejo invisible de dos metros de altura, al que sólo puede ver James Stewart en El invisible Harvey (Henry Koster, 1950).

El invisible Harvey

El invisible Harvey

Carlos.

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