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Aguas oscuras (“Dark waters”, 2019)

31 enero 2020

Todd Haynes (Carol) nos trae un drama judicial de denuncia social que detalla el proceso de investigación y los 20 años de batalla legal entre un abogado y la poderosa multinacional DuPont (ahora DowDuPont). El guion está escrito por Matthew Michael Carnahan (Guerra Mundial Z) y el documentalista Mario Correa, en colaboración con Nathaniel Rich, el periodista cuyo artículo publicado en The New York Times en 2016 (The lawyer who became DuPont’s worst nightmare) se tomó de referencia para la película.

Robert Bilott es un abogado corporativo que acaba de ser nombrado socio del bufete Taft, Stettinus & Hollister en el que trabaja en Cincinnati (Ohio). Un día recibe la visita de un ganadero, Wilbur Tennant, dueño de una granja en Parkesburg (Virginia Occidental) que le pide poder vincular la muerte de sus vacas con el cementerio de desechos que tiene la corporación DuPont al lado de sus tierras. Después de visitar a Tennant y comprobar de primera mano que su ganado ha muerto en extrañas condiciones médicas, Bilott consigue convencer a su bufete para llevar el caso, en principio una pequeña demanda para requerir a DuPont información sobre los vertidos.

Pero cuando Bilott empieza a investigar más a fondo descubre que la multinacional ha estado trabajando con PFOA (un químico artificial también conocido como Teflón) que causó cáncer y graves problemas médicos a los animales de laboratorio con los que hicieron pruebas e, incluso, a sus empleados. Bilott continúa defendiendo a Tennant, que ha enfermado de cáncer, mientras que denuncia a DuPont al Departamento de Justicia y a la EPA (Agencia de Protección Ambiental), a la vez que intenta que la compañía se haga cargo del seguimiento médico de todos los afectados. Un proceso complicado que se alargará 20 años y que ha llevado a los gobiernos de varios países a intentar regular el uso del PFOA, una regulación que en Europa llegó en 2017.

Esta es una de esas historias de terror cotidiano que inquietan al comprobar la poca trascendencia pública que ha tenido un caso real que afecta a consumidores de todo el mundo. El peligroso politetrafluoroetileno, conocido como teflón, es una sustancia tóxica y altamente cancerígena que está presente en infinidad de objetos cotidianos, desde sartenes antiadherentes a ropa, textiles o las bolsas de palomitas de maíz para microondas. Las conclusiones de la película nos informan que el 99% de la población mundial tiene PFOA en su torrente sanguíneo, un dato indignante que deja claro que los intereses económicos de las grandes empresas siempre prevalecen sobre los ciudadanos.

Si bien el tema de la película es una interesante denuncia de servicio público que es necesario conocer, el desarrollo de Todd Haynes es muy convencional y recuerda a otras películas de temática parecida  como Acción civil (1998) o Erin Brockovich (2000). Como drama judicial sabe sacar partido de todos los elementos que maneja, desde la farragosa investigación a la complicada terminología química y todo el factor personal y humano. Tiene muy buenas intenciones que hay que poner en valor, aunque, también es verdad que como thriller medioambiental es bastante previsible y no revela nada excepcional más allá de la avaricia corporativa y la inhumana indiferencia de los infractores. En el apartado técnico puede resultar algo fría e impersonal con una fotografía donde predominan los tonos grises, aunque parece más una decisión deliberada del director que pone todo al servicio de la historia.

Mark Ruffalo además de protagonizar la cinta también ejerce de productor, su trabajo es convincente como este abogado que pone en riesgo su vida profesional y familiar por defender una causa que cree justa y que termina siendo una obsesión para él. Esta es la segunda vez que Ruffalo hace una película relacionada con la familia DuPont, la primera vez fue en 2014 con Foxcatcher, un trabajo que le valió una nominación al Óscar como mejor actor de reparto. Anne Hathaway interpreta a la sufrida esposa del abogado protagonista, un personaje muy desaprovechado. Entre los actores de apoyo, destacar a Tim Robbins, Bill Pullman, Victor Garber o Bill Camp. Los primeros títulos de crédito nos desvelan los cameos de algunos protagonistas reales de la historia, incluido el abogado y su esposa.

Imágenes © eOne Films.

Sólido drama activista de ritmo tranquilo con una historia emocionante y perturbadora que cuenta con el buen hacer de Mark Ruffalo.

Título original: Dark waters.
Dirección: Todd Haynes.
País: EE.UU.
Año: 2019.
Duración: 126 min.
Género: Basado en hechos reales, drama judicial.
Intérpretes: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Bill Pullman, Victor Garber, Bill Camp, William Jackson Harper, Mare Winningham, Kevin Crowley, Trenton Hudson, Marc Hockl, Lyman Chen, Courtney DeCosky, Scarlett Hicks, Lea Hutton Beasmore, Denise Dal Vera, Louisa Krause, Daniel R. Hill, Chaney Morrow, Lisa DeRoberts, Brian Gallagher, John Newberg, Wynn Reichert, Tera Smith, Tyler Craig, Barry G. Bernson, Amy Morse, Jeffrey Grover, Teri Clark.
Guion: Matthew Carnahan, Mario Correa, Nathaniel Rich. Basado en un artículo de Nathaniel Rich.
Música: Marcelo Zarvos.
Fotografía: Edward Lachman.
Productora: Killer Films, Participant Media.
Distribuidora: Entertainment One Films Spain.
Calificación por edades: No recomendada a menores de siete años.

Beatriz.

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